Archivo de 19 agosto 2009

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Cerrado por vacaciones

19/08/2009

Mabuse playa

El Dr. Mabuse estará de vuelta dentro de un mes.

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Las Vacaciones de Monsieur Hulot [Les Vacances de Monsieur Hulot] (1953) de Jacques Tati

14/08/2009

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En una pequeña playa francesa de la costa Atlántica comienzan a llegar una serie de veraneantes dispuestos a vivir unas relajadas vacaciones al lado del mar. Sin embargo, su concepción de las vacaciones es bastante aburrida y consiste básicamente en trasladar su aburrido día a día urbano al escenario costero, es decir, regirse por unos horarios marcados (hora de comer, hora de irse a dormir…) mientras se dedican a hacer lo mismo que en su hogar: jugar a las cartas, leer el periódico y holgazanear. No hay espontaneidad ni diversión, simplemente rutina y puro aburrimiento. Pero entonces sorpresivamente irrumpe un personaje que rompe con toda la calma y armonía: Monsieur Hulot. Hulot es un hombre desastroso, que no planifica nada y que se deja llevar por la espontaneidad. Su llegada inevitablemente supondrá la destrucción de esa tranquila burbuja idílica  en que viven el resto de veraneantes.

Jacques Tati (director, actor protagonista y co-guionista) es uno de esos grandes cineastas a reivindicar siempre que se pueda, un autor que supo crear un estilo muy personal siguiendo la tradición de los grandes cineastas del slapstick como Charles Chaplin y, sobre todo, Buster Keaton. Su gran virtud fue saber explotar estos elementos humorísticos a la perfección integrándolos a los temas que le interesaba mostrar en sus obras como la lucha entre la tradición y la modernidad. Las Vacaciones de Monsieur Hulot es su película más divertida y también la que menos incide en esta temática, aunque tampoco debemos dejar que nos engañe su apariencia de inocente comedia banal.

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Rodada después del gran éxito de su debut (Día de Fiesta), Las Vacaciones de Monsieur Hulot sería la primera película en que aparecería el personaje al que Tati encarnaría durante el resto de su carrera y que estaría siempre ligado a su nombre: Monsieur Hulot. Alto y larguirucho, siempre con una pipa en la boca, Monsieur Hulot es un entrañable hombre que vive ajeno a lo que sucede en el resto del mundo. Distraído, curioso, inquieto e inconsciente, Hulot siempre intenta ayudar a quien lo necesite… y también a quien no. Su presencia siempre equivale al caos, allá por donde pasa provoca estropicios muchas veces sin darse cuenta y es quizás por eso que los que más le admiran y disfrutan de su compañía son los niños y los animales. Él, por supuesto, es totalmente ajeno a ello y siempre hace todo lo posible por encajar entre la gente normal en vano.

La galería de personajes que componen los huéspedes del hotel no tiene desperdicio y están todos perfectamente definidos: un padre de familia que se pasa el día atendiendo el teléfono por negocios; un comandante retirado que se dedica a aburrir a quien quiera escucharle sobre sus batallitas de guerra; una joven y atractiva rubia que se siente algo ajena al monótono mundo adulto; un matrimonio de ancianos en que la mujer tiraniza a su marido obligándole a dar largos y aburridos paseos (hilarante cuando ella le va enseñando emocionada las conchas que encuentra en la orilla y éste las lanza de nuevo al agua indiferente); un pedante joven intelectual obsesionado con la política; una anciana solterona, etc.

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No hay nada de inocente en la caracterización de estas personas y es que pese a que en esta película no existe el elemento crítico que aparecería con más fuerza en obras posteriores, Tati no los retrata de forma especialmente amable (aunque tampoco cruel) y los caricaturiza levemente, de forma que resulten divertidos pero al mismo tiempo  reales. Los únicos que escapan a su mirada mordaz son los niños y los pocos aliados de Hulot, el resto aparecen retratados como unos aburridos veraneantes a los que el protagonista aplica inconscientemente una cura de shock para despertarles de su letargo.
Su visión cándida del mundo infantil aparece retratada en ese breve momento en que un pequeño niño intenta llevar un helado en cada mano sin que se le caigan. Camina torpemente, sube las escaleras poco a poco y cuando abre la puerta tememos que la bola de helado se caiga al girar el pomo… pero milagrosamente se sostiene y consigue llevar el cucurucho intacto a su hermano. Tati no se mofa en ningún momento de los niños, el blanco de sus burlas siempre serán los adultos.

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Enumerar todos los recursos humorísticos de los que se sirve Tati sería interminable, y es que el cineasta francés era un perfeccionista enfermizo y llenaba cada escena de pequeños gags siempre meticulosamente planeados. Aunque se sirve muy a menudo del sonido como complemento, Tati es en esencia un cómico visual y por ello los diálogos escasean a lo largo del film y casi siempre son meros complementos a la imagen o que sirven para acabar de llenar el paisaje que ha recreado el director.
Un ejemplo de los trucos visuales que tanto le gustaban al cineasta francés es el mostrarnos cada noche el hotel a oscuras hasta que Hulot despierta a los asistentes de alguna manera (como por ejemplo con los fuegos artificiales del final) y las ventanas se van iluminando una a una hasta que todo el hotel está despierto o jugar con los encuadres de la cámara para hacer que un hombre parezca tener cabeza de caballo.

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Los gags visuales se suceden uno tras otro: mientras pinta una barca en la orilla del mar, la corriente arrastra el bote de pintura y lo cambia de sitio sin que él se dé cuenta, a continuación, mientras está navegando la barca se le rompe por la mitad y acaba atrapado en medio de forma que cuando se acerca a la orilla la gente cree que es una especie de monstruo marino; de visita en la casa de la joven tuerce los cuadros involuntariamente al querer colocarlos bien y luego atrapa con la espuela de sus botas una piel de zorro; y en el hall del hotel al buscar su pelota de ping pong interfiere inconscientemente en dos partidas de cartas provocando que los jugadores se peleen entre ellos.
Sin embargo mi momento favorito es sin duda cuando acaba accidentalmente con su desastroso coche averiado en un cementerio donde se está oficiando un funeral y confunden su rueda de recambio con una corona de flores y al final todos los asistentes van a darle la mano creyendo que es un familiar del fallecido. Como de costumbre, Hulot no es consciente de nada de lo que sucede y saluda sonriente a todos los asistentes.

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También se sirve Tati de la elipsis de forma muy divertida en una de las primeras escenas del film. Un hombre está pintando su barco hasta que de repente la embarcación se propulsa al agua. Alguien ha tocado el torno que la sostenía, así que el furioso marinero empieza a mirar alrededor y pregunta amenazadoramente a los niños. Entonces vemos como empieza a mirar desconfiadamente a un Monsieur Hulot el cual enseguida adivinamos que ha sido el causante de la catástrofe solo por su pose y su intento de disimular. Tratado así, el gag tiene mucha más gracia que si hubiéramos visto cómo tocaba el torno y huía para no ser descubierto.

En todo momento se nos enfatiza con algunos de estos gags el hecho de que Hulot no encaja en absoluto con el resto de adultos: cuando el repartidor de diarios trae las últimas noticias todos acuden corriendo a comprar un ejemplar, pero Tati utiliza el suyo como sombrero para resguardarse del sol (ante la mirada desaprobadora del joven intelectual), o por ejemplo a la fiesta de disfraces no acude ningún adulto salvo un hilarante Hulot disfrazado de pirata que acaba bailando con la chica ante la mirada del resto de huéspedes.

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Ella es una de las pocas personas adultas que parece disfrutar de su presencia además de una anciana solterona y el aburrido marido que durante los paseos con su esposa no deja de observar las locuras de Hulot. Al final de su estancia, cuando todos los adultos intercambien saludos y sus señas, Tati de nuevo intentará infiltrarse pero descubrirá por primera vez en la película que el resto no le tienen demasiado aprecio (por motivos que seguramente él desconocerá) y acabará, no casualmente, sentado en la arena con los niños. Sólo pasan a saludarle su anciana amiga y el marido sometido por su aburrida mujer, dejando sorprendido al protagonista (en ningún momento de su estancia intercambiaron palabra) ya que desconocía por completo que tenía un admirador secreto.
También se esboza levemente el que será el futuro tema central de su siguiente película, Mi Tío (en mi opinión su obra cumbre) al mostrarnos de vez en cuando al pobre hijo del atareado hombre de negocios que se pasa el día junto al teléfono, el cual admira a Hulot seguramente deseando que su padre fuera así y al que echa de menos cada vez que se ausenta del hotel.

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La escena final del film es un plano de la costa que se convierte en una postal (que Tati quería que se viera en color aunque no lo consiguió) enfatizando ese aire melancólico que sobrevuela todo el film y que el director potencia también con la canción que se oye repetidas veces a lo largo del metraje.
Las Vacaciones de Monsieur Hulot no sólo es un film que demuestra el inmenso potencial de Tati como cineasta y cómico, sino también una visión entrañable y divertida de algo tan conocido por todos como son las vacaciones veraniegas, pero añadiéndole el punto de locura de su protagonista, como si el cineasta nos quisiera decir que la vida sería muy aburrida sin un Hulot para romper la rutina creando algo de caos.

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Bola de Fuego [Ball of Fire] (1941) de Howard Hawks

10/08/2009

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Me encantan las comedias clásicas. Destilan una inocencia y un encanto únicos que te hacen mantener una sonrisa perenne de oreja a oreja durante todo el metraje. No importa que esa inocencia hoy en día pueda parecer desfasada o anticuada, en las grandes comedias clásicas de Hollywood eso no sólo no es un inconveniente para disfrutarlas sino que además todo parece increíblemente natural, como si en el mundo real las personas se comportaran así por entonces. Y curiosamente, solían ser comedias que contaban con argumentos que no eran especialmente originales en su planteamiento.
Tomemos por ejemplo esta película: ocho sabios se pasan la vida recluidos escribiendo una ambiciosa enciclopedia que recoge todo el saber humano, cada uno de ellos está especializado en una materia y todos son solteros y viven ajenos al mundo real. Irónicamente, el que parece ser el líder del grupo y el que sigue más estrictamente el proyecto evitando el mundo exterior es el único de ellos que no es un anciano, al contrario, es un atractivo joven encarnado por Gary Cooper, que es el especialista en lengua. El joven lingüista descubrirá un día un hecho alarmante: su artículo sobre el slang (la lengua y expresiones populares) está terriblemente anticuado, por tanto decide salir del edificio y sumergirse en el bullicio de la ciudad para reclutar a gente que le ayude a actualizar su artículo con expresiones modernas. En este viaje conocerá una atractiva bailarina que decidirá aprovecharse de su bondad e inocencia para esconderse de la policía, que la busca para testificar contra su novio, un gángster que ha cometido un asesinato y que sólo puede ser desenmascarado si los agentes de policía la encuentran a ella. Por supuesto, se producirá un choque entre los tímidos ancianos que viven en su mundo académico y la bailarina, además del inevitable romance entre los dos jóvenes.

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Nada realmente nuevo: los típicos sabios que saben sobre todo excepto sobre ‘la vida real’ (especialmente el amor) y que descubrirán ese nuevo mundo a través de un personaje intruso, la descarada bailarina que acaba recapacitando sobre ella misma y entregándose al bondadoso profesor de lengua y, por supuesto, el gángster malo capaz de cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos. No sólo son temas que ya conocemos sino que alguno hasta nos podrá parecer tópico (la historia de amor imposible, por ejemplo), y aún así la película funciona a la perfección.

¿Cómo? Pues para empezar, con la ayuda de un solidísimo y divertido guión escrito por uno de los mejores guionistas de la historia del cine, Billy Wilder (que en breve empezaría su carrera como director) junto a su primer colaborador, Charles Brackett. Con la dirección del infalible Howard Hawks, experto narrador y especialista en dotar a sus films de un ritmo que no deja lugar para el aburrimiento. Y con un reparto de lujo.
Gary Cooper, actor bastante limitado pero sin duda excelente en sus papeles prototípicos, y en este caso el protagonista le va como anillo al dedo (ningún otro sabría dotarle esa sana inocencia y ese atractivo especial que desprende). Barbara Stanwyck, simple y llanamente una de las mejores actrices de la historia. Dana Andrews, hombre duro que más adelante alcanzaría la fama como protagonista en films como Laura. Y una serie de magníficos secundarios de esos de los que desconocemos sus nombres pero cuyas caras nos son familiares a los aficionados al cine clásico, esa factoría de secundarios de lujo que tanto abundaban en aquella época que aparecían en decenas de grandes películas interpretando papeles pequeños pero memorables como Dan Duryea (inolvidable su papel de matón en películas como La Mujer del Cuadro o Perversidad de Fritz Lang) o Henry Travers (a.k.a. el ángel de Qué Bello es Vivir).

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Con esta combinación el resultado no podía defraudar. Los personajes de los profesores resultan francamente divertidos y aunque son estereotípicos como ellos solos, sus interpretaciones no acaban cayendo en el exceso o resultando cargantes. Su comportamiento es increíblemente infantil e inocente, pero ello no quita que Wilder y Brackett se permitan colar algunas leves referencias sexuales (muy leves, puesto que la película es de los años 40) como cuando un profesor confiesa a la criada que robó mermelada de fresa porque al escribir su artículo sobre las fresas le entró apetito y, a continuación, la criada le dice al que está escribiendo el artículo sobre sexo que confía que a él no le suceda lo mismo con su tema de investigación. Sin embargo la relación que tienen ellos con la bailarina Sugarpuss denota un comportamiento más infantil que otra cosa, como se puede comprobar en la escena en que ella llega a casa y todos corren a esconderse enfundados en sus batas como si le tuvieran miedo. Una muestra de esa inocencia tan cándida a la que antes hacía referencia que si bien resta credibilidad a estas comedias o hace que parezcan algo anticuadas, para mí les dota de un encanto especial.

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La relación entre Sugarpuss y el Profesor Potts se trata evitando sentimentalismos rancios y con toda la credibilidad que se puede aportar a la relación entre un inocente profesor de lengua y una descarada bailarina: él, completamente ajeno al sexo contrario hasta que la conoció, cae rendido a sus encantos y ella, acostumbrada a los gángsters con los que debe tratar, no puede evitar cogerle cariño a ese hombre tan honesto y sencillo. Incluso se nos aporta un pequeño paréntesis emotivo cuando los profesores pasan la noche en un hotel con la joven pareja de camino a su boda y uno de ellos, el único viudo, recuerda con ternura a su mujer y sus colegas acaban cantándole la canción que le recuerda a ella. Seguidamente tiene lugar la única escena de amor propiamente dicha entre Potts y Sugarpuss sin ningún matiz cómico, y para evitar caer en el tópico diálogo amoroso Wilder y Brackett se sirven de un recurso sencillísimo pero efectivo: Potts entra en la que cree que es la caravana del profesor viudo a confesarle todo lo que siente hacia ella, aunque no se da cuenta de que en realidad se ha equivocado y está hablándole a Sugarpuss a oscuras (aquí se nos muestra un plano muy llamtivo de los ojos de ella en la oscuridad, para conseguirlo tuvieron que pintar la cara de Stanwyck de negro).

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Además podemos ver cómo Wilder ya a estas alturas se sirve de uno de sus recursos más típicos que tan bien le funciona en los guiones: el uso de objetos para mostrar los sentimientos o pensamientos de los personajes. En este caso el objeto es el anillo de compromiso que le compra el profesor, un anillo raquítico que además contrasta con el opulente y vistoso anillo que le ha regalado Joe, el gángster. Cuando se descubra todo el engaño, ella le devolverá el anillo pero por error le dará el de Joe, no el suyo, lo cual le sirve de base a uno de los profesores para explicarle que eso significa que ella subconscientemente le sigue queriendo.
También son marca personal los numerosos juegos de palabras o dobles sentidos (la única manera que había por entonces de hacer chistes sexuales sin que fueran censurados, y eso si conseguías colarlos sutilmente como el del artículo de las fresas y el de sexo mencionado antes), aunque desgraciadamente todas las bromas sobre el slang se pierden en la traducción y seguramente hoy en día estén algo anticuadas al ser expresiones que no han sobrevivido el paso del tiempo.

Todo esto adornado con pequeños gags y detalles que se suceden a lo largo del film hacen de Bola de Fuego un magnífico ejemplo de las virtudes de las comedias clásicas y eso teniendo en cuenta que ni siquiera es una de las obras cumbre de sus responsables. Que una película así no fuera sino un logro más de sus carreras y no un punto culminante no hace sino demostrar la buena forma en que se encontraba el género en aquella época.

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Liliom (1934) de Fritz Lang

06/08/2009
Cuando Fritz Lang emigró a Francia en 1933 huyendo de la Alemania nazi, a diferencia de muchos de sus compañeros que también se vieron obligados a abandonar el país él no se encontraba en una difícil situación económica. Era el director más importante y prestigioso de Alemania y cuando llegó a París le esperaba el productor Erich Pommer (con quien había colaborado a menudo) con un nuevo proyecto entre manos. Por supuesto la situación había cambiado radicalmente para él: ya no podía escoger con libertad lo que quería rodar, no contaba con los altos presupuestos de los que había gozado en la Ufa (productora en la que filmó sus películas más majestuosas) y además se veía obligado a trabajar por primera vez en más de 10 años sin su más estrecha colaboradora y guionista, su esposa Thea von Harbou (que permaneció en Alemania fiel al regimen nazi).
Aún así Lang no estaba como para quejarse, la mayoría de sus compañeros se encontraban en una situación bastante precaria intentando abrirse paso desde cero en la industria francesa o inglesa.
La única película que rodaría Lang en su breve estancia francesa sería toda una rareza, un film que no tenía nada que ver con todo lo que había hecho antes en Alemania. En realidad, Pommer tenía por entonces dos proyectos entre manos: una película de detectives y Liliom, los cuales quería ceder a los directores Fritz Lang y Max Öphuls. Teniendo en cuenta el tipo de films en que se había especializado Lang, lo más lógico habría sido darle a él el film de detectivesco, pero por algún extraño motivo Lang acabó encargándose de Liliom.
El guión de Liliom estaba basado en una OBRA TEATRAL y era un drama en que un simpático y mujeriego feriante (Liliom) acaba viviendo con una joven inocente (Julie) que le siguie amando pese a que su marido sea un buscavidas que la maltrata. Cuando Liliom muere tras un frustrado robo, en el cielo se le juzgará por sus pecados igual que era juzgado en la vida real en la comisaría donde acababa recalando continuamente.
En general Liliom me da la sensación de que es un film no demasiado memorable. La historia no es nada del otro mundo y la primera parte del film (la que se desarrolla antes de que aparezcan los elementos fantásticos) me deja bastante indiferente. Charles Boyer está magnífico como Liliom, es cierto (y eso que no es un actor que me guste) pero el carisma de su personaje es prácticamente lo único que puedo destacar junto algunos planos bastante buenos de Lang (los del tiovivo al inicio del film, el recurso de las pintadas amorosas en el banco para señalar el paso del tiempo, el siniestro afilador que pasa justo antes del crimen y que tiene un aura casi sobrenatural…).
El personaje de Julie es demasiado simple, una joven inocente que entrega su vida a un hombre que no cesa de maltratarla y al que ella se mantiene fiel en todo momento sin que sepamos por qué. Habría ayudado mucho el mostrarnos alguna escena en que se les viera a ellos dos en armonía para poder entender por qué sigue con él o, al menos, poder comprender su personaje.
Cuando Liliom muere e irrumpe de repente el elemento sobrenatural, el film cobra algo de interés. La puesta en escena del momento en que Liliom sube al cielo es magnífica y también resalto los dos guardianes que le escoltan, que me parecen aterradores tanto por su maquillaje como por su interpretación tan fría y estática.
Sin embargo, el film no acaba de despegar. La parte final en que se intenta que Liliom se redima no funciona y no me parece demasiado convincente, además de pecar de estar resuelta demasiado deprisa.
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Cuando Fritz Lang emigró a Francia en 1933 huyendo de la Alemania nazi, a diferencia de muchos de sus compañeros que también se vieron obligados a abandonar el país él no se encontraba en una difícil situación económica. Era el director más importante y prestigioso de Alemania y cuando llegó a París le esperaba el productor Erich Pommer (con quien había colaborado a menudo) con un nuevo proyecto entre manos. Por supuesto la situación había cambiado radicalmente para él: ya no podía escoger con libertad lo que quería rodar, no contaba con los altos presupuestos de los que había gozado en la Ufa (productora en la que filmó sus películas más majestuosas) y además se veía obligado a trabajar por primera vez en más de 10 años sin su más estrecha colaboradora y guionista, su esposa Thea von Harbou (que permaneció en Alemania fiel al regimen nazi).
Aún así Lang no estaba como para quejarse, la mayoría de sus compañeros se encontraban en una situación bastante precaria intentando abrirse paso desde cero en la industria francesa o inglesa.
La única película que rodaría Lang en su breve estancia francesa sería toda una rareza, un film que no tenía nada que ver con todo lo que había hecho antes en Alemania ni con lo que haría después en los Estados Unidos. En realidad, Pommer tenía por entonces dos proyectos entre manos: una película de detectives y Liliom, los cuales quería ceder a los directores Fritz Lang y Max Öphuls. Teniendo en cuenta el tipo de films en que se había especializado Lang, lo más lógico habría sido darle a él el film de detectivesco dejando a Öphuls el otro proyecto, que era más acorde con su estilo, pero por algún extraño motivo Lang acabó encargándose de Liliom.
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El guión de Liliom estaba basado en un drama teatral en que un simpático y mujeriego feriante (Liliom) acaba viviendo con una joven inocente (Julie) que le sigue amando pese a que su marido sea un buscavidas que la maltrata. Cuando Liliom muere tras un frustrado robo, en el cielo se le juzgará por sus pecados igual que era juzgado en la vida real en la comisaría donde acababa recalando continuamente.
En general Liliom me da la sensación de que es un film no demasiado memorable. La historia no es nada del otro mundo hasta llegar a la muerte de él y la primera parte del film (la que se desarrolla antes de que aparezcan los elementos fantásticos) me deja bastante indiferente. Charles Boyer está magnífico como Liliom, es cierto (y eso que no es un actor que me guste, pero el papel le pega mucho) pero el carisma de su personaje es prácticamente lo único que puedo destacar junto algunos planos bastante buenos de Lang (los del tiovivo al inicio del film, el recurso de las pintadas amorosas en el banco para señalar el paso del tiempo, el siniestro afilador que pasa justo antes del crimen y que tiene un aura casi sobrenatural…).
El personaje de Julie es demasiado simple, una joven inocente que entrega su vida a un hombre que no cesa de maltratarla y al que ella se mantiene fiel en todo momento sin que sepamos por qué. Habría ayudado mucho el mostrarnos alguna escena en que se les viera a ellos dos en armonía para poder entender por qué sigue con él o, al menos, poder comprender su personaje.
Pero aún así durante buena parte de la película somos testigos de un dramón bastante simple que carece de elementos destacables y que quizás habría convenido aligerar un poco en beneficio de la segunda parte, que es mucho más interesante.
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Cuando Liliom muere e irrumpe de repente el elemento sobrenatural, el film cobra algo de interés. La puesta en escena del momento en que Liliom sube al cielo es magnífica y también resalto los dos guardianes que le escoltan, que me parecen aterradores tanto por su maquillaje como por su interpretación tan fría y estática.
Sin embargo, aunque aquí el film consigue remontar el vuelo respecto a la primera parte, no consigue despegar del todo para mi gusto . La parte final aporta un nuevo elemento dramático: el intento de que Liliom sea consciente de sus pecados y se pueda redimir. Desgraciadamente su regreso a la Tierra me da la sensación de estar resuelto de forma demasiado precipitada y el final tampoco me parece convincente.
No es una mala película y se salva de la mediocridad por la forma como se juega en la segunda parte con los elementos fantásticos, pero éstos aportan más interés por la dirección y la excelente puesta en escena de Fritz Lang que por su implicación en el argumento. Curiosamente (o quizás no tanto, porque los grandes cineastas solían ser muy caprichosos en estas cuestiones) Lang la consideraba una de sus mejores películas y le tenía un cariño especial. Yo sinceramente no puedo dejar de considerarla una película interesante pero inevitablemente menor.
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Häxan, La Brujería a través de los Tiempos (1922) de Benjamin Christensen

02/08/2009

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Muy interesante film danés sobre el tema de la brujería y las supersticiones en la Edad Media que mezcla eficazmente y con total libertad documental y ficción.
El director y guionista Benjamin Christensen nos habla en siete episodios de las causas y consecuencias de la creencia en brujas y supersticiones para finalmente retomar el tema en el siglo XX haciéndonos ver cómo las mujeres acusadas por entonces de brujería son las que hoy en día llamaríamos histéricas, consideradas como personas enfermas y no seres malignos.
Para exponer sus ideas, Christensen se sirve tanto de grabados de la época como de escenas recreadas por él mismo. Pese a lo escalofriantes que resultan las imágenes medievales mostrándonos al demonio o a la Santa Inquisición, el punto fuerte del film está sin duda en las recreaciones hechas por el propio Christensen.
El danés parte de una historia real sobre una anciana acusada de haber matado con sus poderes a un humilde hombre. A partir de aquí Christensen no sólo recrea con toda fidelidad el proceso por el que pasa la pobre mujer sino que además nos muestra todas las imágenes de orgías demoníacas descritas. Ése es el gran acierto del film, que no se dedica sólo a exponer las creencias de los personajes sino que además nos las muestra visualmente, de forma que nos sumerge a los espectadores en el mundo que por entonces la gente creía como real. Para ello, Christensen se sirve de una ambientación lúgubre y espeluznante llena de imaginería visual y de perversiones que en su época lógicamente fueron objeto de muchas polémicas: oscuras orgías, demonios terroríficos, mujeres dejándose seducir por demonios….
Christensen tampoco se corta en mostrarnos los horrores de la Inquisición a través del proceso que condena a una familia entera de inocentes a base de torturas y crueles engaños (incluyendo un interrogatorio en el que vemos un curioso precedente del clásico poli bueno-poli malo). No sólo eso sino que dedica unos minutos a mostrarnos con detalle todos los objetos de tortura a los que someten a los acusados. Al director parece fascinarle tanto el mundo fantasioso de brujas y demonios como el hecho de que estas supersticiones sacan la peor faceta de los seres humanos.
Así pues, aunque las partes más documentales puedan echar algo atrás a no interesados en la materia, los segmentos recreados son suficiente motivo para hacer de Häxan una película imprescindible y un referente ineludible en la historia del cine de terror. Es ahí donde se pueden comprobar los enormes y costosos esfuerzos que hizo el director Christensen (que aparece en el film encarnando nada más y nada menos que al demonio) para conseguir una recreación detallada y horrorífica que aún hoy en día puede sorprendernos.

Muy interesante film danés sobre el tema de la brujería y las supersticiones en la Edad Media que mezcla eficazmente y con total libertad documental y ficción.

El director y guionista Benjamin Christensen nos habla en siete episodios de las causas y consecuencias de la creencia en brujas y supersticiones para finalmente retomar el tema en el siglo XX haciéndonos ver cómo las mujeres acusadas por entonces de brujería son las que hoy en día llamaríamos histéricas, consideradas como personas enfermas y no seres malignos.

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Para exponer sus ideas, Christensen se sirve tanto de grabados de la época como de escenas recreadas por él mismo. Pese a lo escalofriantes que resultan las imágenes medievales mostrándonos al demonio o a la Santa Inquisición, el punto fuerte del film está sin duda en las recreaciones hechas por el propio Christensen.

El danés parte de una historia real sobre una anciana acusada de haber matado con sus poderes a un humilde hombre. A partir de aquí Christensen no sólo recrea con toda fidelidad el proceso por el que pasa la pobre mujer sino que además nos muestra todas las imágenes de orgías demoníacas descritas. Ése es el gran acierto del film, que no se dedica sólo a exponer las creencias de los personajes sino que además nos las muestra visualmente, de forma que nos sumerge a los espectadores en el mundo que por entonces la gente creía como real. Para ello, Christensen se sirve de una ambientación lúgubre y espeluznante llena de imaginería visual y de perversiones que en su época lógicamente fueron objeto de muchas polémicas: oscuras orgías, demonios terroríficos, mujeres dejándose seducir por demonios….

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Christensen tampoco se corta en mostrarnos los horrores de la Inquisición a través del proceso que condena a una familia entera de inocentes a base de torturas y crueles engaños (incluyendo un interrogatorio en el que vemos un curioso precedente del clásico poli bueno-poli malo). No sólo eso sino que dedica unos minutos a mostrarnos con detalle todos los objetos de tortura a los que someten a los acusados. Al director parece fascinarle tanto el mundo fantasioso de brujas y demonios como el hecho de que estas supersticiones sacan la peor faceta de los seres humanos.

Así pues, aunque las partes más documentales puedan echar algo atrás a no interesados en la materia, los segmentos recreados son suficiente motivo para hacer de Häxan una película imprescindible y un referente ineludible en la historia del cine de terror. Es ahí donde se pueden comprobar los enormes y costosos esfuerzos que hizo el director Christensen (que aparece en el film encarnando nada más y nada menos que al demonio) para conseguir una recreación detallada y horrorífica que aún hoy en día puede sorprendernos.

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